La aldea de Villalgordo, hoy despoblada, nos sorprende con una ermita totalmente desconocida para muchos en la que se encuentra durante el verano la imagen de la Virgen de la Encarnación, patrona de El Ballestero. Desde el domingo de Pentecostés hasta el último sábado de septiembre la imagen permanece en ella hasta quE es llevada a El Ballestero para presidir el Altar Mayor de la iglesia de San Lorenzo Mártir.  Antiguamente la imagen estaba en El Ballestero sólo en verano y se traía al pueblo desde su ermita para remediar sequías, epidemias o plagas de langosta.

El sorprendido viajero que se topa con este edificio observa en el exterior una fachada de mampostería que diferencia la Casa del Santero de la propia Ermita. En ella, repara en la puerta de entrada por su arco de medio punto de buena hechura, sus dos  contrafuertes perpendiculares al muro y en otros dos oblicuos al mismo. Además, una ventana abocinada nos indica donde está el presbiterio. Un añadido en la fachada más oriental corresponde al camarín y la sacristía y ya en la fachada trasera, orientada al norte, dos contrafuertes perpendiculares y dos oblicuos que se corresponden con los anteriores. Sobre el tejado una veleta parada y una sencilla espadaña sin campana.

            El edificio anejo, o casa del santero, tiene sus muros, también de mampostería, que apenas se diferencian de los de la ermita, si no es por las ventanas de la planta superior, la chimenea, el tejado del horno o el hastial de la fachada de poniente. La puerta de entrada es del estilo de la zona con un ventanuco que se abre para iluminar la entrada.

            Ya en el interior, la ermita es una única nave con el piso de barro cocido con rastreles de sabina, está inclinada hasta el presbiterio. Dicha nave se haya dividida en cuatro tramos que separan tres arcos apuntados y apoyados en los contrafuertes que vimos al exterior, estos arcos diafragma sostienen una cubierta de madera a dos aguas que cubre los tres primeros tramos. El otro es el presbiterio que se cubre con una bóveda de crucería sostenida sobre dos arcos que se cruzan en diagonal. Estos arcos se apoyan en cuatro columnas de factura tosca, con fustes sencillos y decoración geométrica diferente en cada uno de ellos. Se dice que es la bóveda en pie más antigua de la provincia. Las tres paredes que conforman este espacio están enlucidas de yeso y en una de ellas encontramos la hornacina de la Virgen y en la de la derecha la ya nombrada ventana abocinada que proyecta la luz del mediodía a la grada del altar.

            Volviendo a la entrada vemos una puerta que comunica con la casa del santero, la parte posterior de la puerta de entrada a la ermita coronada por un arco escarzano, y en ese espacio la pila del agua bendita, réplica casi exacta de la que se llevaron una noche de principios de los años 90. Y junto a ella una magnífica pila bautismal con un vaso de gajos y un pie de cordoncillo del estilo de los que se ven en iglesias y ermitas del norte de Cuenca y Guadalajara.

            Si volvemos a mirar en el interior, observamos una decoración anárquica que Momo Makino compuso con los restos del antiguo retablo que los devotos guardaban como reliquias.

            Son muchas las historias de este lugar y de esta ermita, pero otro momento habrá para contarlas. Aún esperamos hoy que aquel sonido triste e inconfundible de la campana robada vuelva a tañer en el Valle del Río Arquillo porque como ocurriera con las dos pilas, de bautismo y de agua bendita, vuelva al lugar donde siempre estuvo. Eso dice la tradición, que esta virgencica consigue que todo aquello que sale de su ermita vuelva tarde o temprano o de una manera u otra